El noble cuento:
“
el noble cuento…va más o menos como sigue: hace alrededor de unos cinco siglos
los científicos empezaron a darse cuenta de que las creencias tradicionales
sobre el cosmos erraban en más de un detalle. Los nuevos descubrimientos,
ayudados por nuevos instrumentos, dejaban en entredicho la idea que la Iglesia
había construido acerca del Cosmos al mezclar la Biblia con una oportuna
lectura de los textos antiguos, especialmente los de Aristóteles. El telescopio
y el microscopio empezaban a revelar un mundo ordenado que, en efecto, no tenía
por qué estar ahí. Ya para mediados del siglo XVII les había quedado claro a
los filósofos y científicos más
imparciales que los cielos, explorados con el telescopio, no eran ni
remotamente tal como los describía la antigua tesis que colocaba la tierra en
su centro. Comenzaba a estar claro que,
vista desde el microscopio, la materia cotidiana, orgánica e inorgánica, estaba
compuesta por elementos infinitamente más pequeños y más diversamente
estructurados de lo que la Biblia o la ciencia aristótelica llegaron jamás a
sugerir. Ese mundo nuevo funcionaba racionalmente, aunque no por los
principales tradicionalmente supuestos. Para discernir sus estructuras y su
orden interno era necesario un nuevo método científico. La revolución
científica llevaba en su núcleo una revolución de método. Llamemos al método
razón e imaginémoslo como una luz mediante la cual la ciencia puede vislumbrar
a través de las tinieblas. La luz resplandece sobre la naturaleza y expulsa dos
clases de ignorancia. Una se refiere a las cuestiones de hecho. El mundo
contemporáneo está aún por ser plenamente explorado. Por ejemplo, se rumoreaba
que escondía dragones. Pero ¿de veras existían tales criaturas? Si no ahora,
entonces ¿existieron en algún otro lugar o tiempo? Dichas preguntas son
empíricas y han de establecerse mediante la prueba de la experiencia. Pero las
mentes humanas son finitas, y su experiencia
directa solo alcanza un corto trayecto de espacio y tiempo. Por tanto la
luz de la razón debe proporcionar un método para hacer inferencias desde lo que ya sabemos,
hasta aquello que estamos justificados
de creer respecto a lo desconocido. La otra clase de ignorancia concierne a la
idea de que el funcionamiento interno de la naturaleza se oculta a los cinco
sentidos. Jamás es posible ver, oir, tocar, gustar, u oler las estructuras, las
leyes y las fuerzas que constituyen el orden natural. Newton vio con sus
propios ojos como caían las manzanas, pero la fuerza y la ley de la gravedad no
pueden percibirse. Aquí la luz de la razón ilumina de un modo más profundo,
pero más misterioso. Permite a la mente sobrepasar los confines de los sentidos….Las
imágenes de la luz penetrando las tinieblas fueron frecuentemente utilizadas
por los propios científicos pioneros. La “ edad de la ilustración” es el nombre
que el siglo XVIII se adjudicó para el
progreso que ampliaba el ámbito de la ciencia. También se refiere a una nueva
dirección en la investigación. Si cabía arrojar luz sobre la naturaleza por
medio de un método racional que revelara el orden racional, cabría también verterse
sobre la naturaleza y la sociedad humana. Este nuevo campo de exploración
ofrecía una nueva clase de progreso: si el mundo humano resultaba ser menos
ordenado que el resto de la naturaleza, la ciencia podría enseñar como
ordenarlo mejor. Podrían amansarse los
impulsos que provocan conflictos, y cultivar los sentimientos solidarios. Con
la ayuda de la razón sería posible lograr la armonía social. Puesto que como
Helvetius afirmaba en un memorable arrebato de optimismo ilustrado: “ la ética
es la agricultura de la mente”.-”
( texto extraìdo de Martin Hollis: Filosofìa de las Ciencias Sociales. Martin
Hollis ( Ed. Ariel. Barcelona. Primera edición “ The Philosophy of Social
Science” Cambridge University

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